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Detrás de la flojera

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Un motivo de preocupación y consulta frecuente en el trabajo con niños y adolescentes tiene que ver con la “flojera” o “dejadez” que pueden presentar algunos chicos en relación a los estudios. Cuando se observa una aparente falta de interés o motivación por las actividades académicas, con mucha frecuencia se tilda a estos chicos de “flojos” o “vagos”, y se suele creer que “todo depende de que se esfuercen”. Sin embargo, el panorama suele ser bastante más complejo.

Decir que un chico es “flojo” no constituye un diagnóstico ni una explicación de lo que realmente está ocurriendo. Lo que entendemos por flojera, es decir, la aparente falta de interés, motivación y esfuerzo por los estudios, podría más bien ser entendida como un síntoma que puede indicar la presencia de otras dificultades subyacentes que son más difíciles de detectar.

Al entenderla como síntoma, al igual que una fiebre, queda más claro que no es suficiente con atacar el síntoma de la flojera de manera inmediata y a corto plazo (como haríamos con una pastilla para bajar la temperatura), sino que es fundamental indagar acerca de cuáles pueden ser sus causas.

 

Como parte del proceso de desarrollo, los niños y más adelante los adolescentes experimentan naturalmente curiosidad por conocer y entender mejor el entorno que los rodea. Ganar mayor conocimiento les permite maniobrar de manera más eficaz sobre su entorno, generando un importante sentido de competencia y eficacia, aspectos que definitivamente contribuirán al desarrollo de una autoestima saludable y una mayor confianza en las propias habilidades.

 

Sin embargo, el impulso por conocer y explorar puede verse bloqueado por diferentes razones, entre las cuales revisaremos las más comunes.

 

-       Por lo general, los niños y adolescentes que presentan dificultades cognitivas no tratadas, es decir, dificultades en los procesos atención, concentración, lectoescritura, etc. que no han sido debidamente diagnosticadas y tratadas, tienden a experimentar mucha frustración al realizar tareas académicas, ya que estos procesos suponen para ellos un desgaste mental mucho mayor y no necesariamente conllevan resultados positivos. Por esta razón, muchos chicos pueden terminar alejándose de las actividades académicas, desarrollando una actitud evitativa que puede ser interpretada como falta de interés, pero que en realidad constituye una estrategia defensiva para evitar exponerse a mayor frustración y decepción.

 

-       Otro aspecto a considerar tiene que ver con la presencia de sentimientos depresivos, desanimo y desaliento. Este tipo de sentimientos suele generar dificultades para concentrarse y dificultades para sostener la motivación a mediano y largo plazo, de manera que se vuelve más probable que se terminen abandonando las tareas que suponen una dedicación continua. Además, cuando un chico ha tenido experiencias académicas marcadas por el fracaso o la critica, existe una mayor probabilidad de que experimente sentimientos de inseguridad y poca seguridad en las propias habilidades al afrontar diferentes retos, independientemente de su verdadero potencial o nivel de habilidad.

 

-       Otro aspecto importante del estado de ánimo tiene que ver con la presencia de niveles muy elevados de ansiedad y preocupación, los cuales pueden generar dificultades muy marcadas para concentrarse y retener información nueva o recordar información aprendida previamente, generando bloqueos a la hora de afrontar evaluaciones o tareas.  Al respecto cabe resaltar que para toda persona resulta indispensable poder alcanzar un estado mínimo de calma y tranquilidad para poder captar información nueva y procesarla adecuadamente, así como para involucrarse en ejercicios o actividades académicas. Por ello resulta fundamental indagar acerca de los temas que puedan representar un motivo de preocupación para cada chico, ya que en ocasiones podemos creer que este “prefiere conversar” cuando en realidad se encuentra muy angustiado por alguna situación en el ámbito familiar o amical que lo mantiene intranquilo e inquieto.

 

-       Finalmente, un aspecto que suele encontrarse detrás de los casos que entendemos como “flojera”, tiene que ver con la dificultad para controlar los propios impulsos y tolerar la frustración. La experiencia de aprendizaje suele tener retos continuos y momentos de feedback que permiten que el alumno vea como va avanzando. Sin embargo, para ciertos chicos la experiencia de tener fallas o errores resulta intolerable, ya que el adolescente se ve abrumado por sentimientos de frustración, cólera e inseguridad que sobrepasan sus capacidades de manejo.

 

En general, como hemos visto, existen diferentes motivos que pueden encontrarse detrás de toda expresión de aparente desinterés y falta de esfuerzo por los estudios. Los niños o adolescentes pueden describir que una actividad les parece aburrida o no le gusta cuando en realidad se trata de una actividad que les resulta difícil, les genera inquietud o no se sienten preparados para afrontar y procuran evitar confrontarse con el malestar que esto conlleva. En este caso, resulta imprescindible acompañar el proceso de aprendizaje de manera empática y comprensiva con las dificultades que puede encontrar el niño o adolescente, considerando además la posibilidad de brindar apoyo profesional a nivel cognitivo y emocional para abordar a estas dificultades.

 

 

 

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