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El aprendizaje es un proceso natural y a la vez complejo del ser humano y no se puede resumir a la adquisición de contenidos, ni al desarrollo de habilidades cognitivas. El aprendizaje tiene que ver con el desarrollo de las capacidades de la persona en su totalidad. Este es el producto de la conjunción de procesos cognitivos y emocionales que se despliegan en contextos reales, donde el alumno interactúa con las otras personas inmersas en él.

Durante la adolescencia se producen cambios importantes en la persona, avanzando a pasos colosales en habilidades que diferencian a los adultos de los niños. Estas habilidades tienen que ver con el razonamiento hipotético, capacidad de abstracción, y el pensamiento deductivo, la organización y la metacognición, entre otros; tiene que ver con el crecimiento y desarrollo de los lóbulos que sobre todo se despliegan hacia el final de la adolescencia.

Es por ello que a la adolescencia se le reconoce como una ventana de oportunidad para nuevos aprendizajes y afianzamiento de habilidades, y un período de poda de aquellas conexiones en “desuso”: Según el “Centro de Investigación Educativa e Innovación”, los cambios en la adolescencia son tan importantes para el aprendizaje como los cambios que se producen en la temprana infancia. Si se considera que el tramo que va de 0 a 3 años es una oportunidad importantísima para la enseñanza, también debería serlo desde los 10 a 15 años. “En ambos períodos tiene lugar una reorganización cerebral especialmente particular”. (Blakemore y Frith, 2007). Aún hay solo conjeturas e hipótesis pero se está estudiando qué sucede en los recién entrados en la adolescencia, con los que están experimentando este gran cambio cerebral. Pareciera ser, que esta proliferación y exceso de sinapsis en desorden da origen a un peor rendimiento, a un desorden y a muchas dificultades para la organización; hasta que la poda tiene lugar.

Esta “poda” que en primera instancia pareciera ser negativa tiene otra cara de la moneda que responde a la posibilidad de hacernos mejores en lo que sabemos hacer. Hay más conexiones, es decir más partes del cerebro que trabajan a la vez cuando ingresa un estímulo que permite mayor profundidad y complejidad en los pensamientos, “las neuronas como los músculos, operan bajo el principio úsalo o piérdelo, un adolescente que estudia piano, tres horas por día, terminará con un cableado cerebral muy diferente a otro que dedique la misma cantidad de horas disparando y jugando videojuegos”.

Para que en el cerebro ocurran cambios significativos y permanentes se requiere destinar considerable cantidad de tiempo y esfuerzo en el aprendizaje y en la práctica de la habilidad que pretendemos desarrollar.

Tan simple y tan complejo como esto es la clave del aprendizaje y el alcance de altos niveles de desarrollo de una capacidad, pasando de un aprendizaje superficial a uno más profundo.

Teniendo en cuenta lo expuesto antes, los padres y maestros tenemos el sustento necesario para procurar estimular, afianzar, especializar en los adolescentes las habilidades observadas; a fin de que se instauren definitivamente y no las pierdan.

Ada Rodríguez