Uno de los temas de preocupación más comunes entre los padres que tienen más de un hijo tiene que ver con el tipo de dinámicas que se despliegan en la relación de hermanos. La aparición de expresiones de celos y el desarrollo de situaciones de conflicto entre hermanos es relativamente frecuente pero su presentación puede darse de formas muy variadas y es muy común que surjan dudas acerca de cómo diferenciar manifestaciones normales de señales de alerta.

La rivalidad fraterna constituye un fenómeno natural que forma parte del desarrollo emocional desde la infancia, y que inicialmente está relacionado principalmente a la competencia por el nivel de atención que se obtiene de parte de los padres. A lo largo de la niñez y la adolescencia, esta competencia puede continuar desarrollándose en torno al nivel de atención que se obtiene por parte de otros referentes, principalmente de parte de maestros u otras figuras de cuidado en la infancia, y de parte de pares durante la adolescencia. Así mismo, la rivalidad puede trasladarse a otros ámbitos de desarrollo, particularmente en lo que refiere a habilidades personales, ya sea a nivel social, físico o académico.

Como vemos, la competencia en estos ámbitos aparece como un componente natural de la relación entre hermanos, que no necesariamente constituye un signo de alarma o preocupación, pues en esencia no se trataría de una característica patológica. Sin embargo, a partir de esta rivalidad natural pueden desarrollarse dinámicas más complejas que es necesario detectar a tiempo e intervenir.

Por una parte, podemos encontrar expresiones abiertas de agresión directa que puede ser fácil de detectar pero difícil de detener o modificar. En este tipo de casos, es importante poder diferenciar aquellos aspectos conflictivos que tienen que ver con la historia de la misma relación entre hermanos, por lo general relacionada a dinámicas de lucha de poder y recelo respecto a preferencias percibidas, y aquellos que tienen que ver con dificultades personales, particularmente en términos de dificultades en el manejo de impulsos y de la agresividad. Al respecto, la persistencia de los conflictos podría ser indicador de alguna dificultad en el desarrollo emocional o la dinámica familiar que ameritaría consultar con un especialista.

Por otro lado, también podemos encontrarnos con expresiones más sutiles de agresión indirecta, particularmente a través de formas de control, dominación o denigración que pueden pasar desapercibidos pero tener un efecto perjudicial sobre la autoestima y seguridad personal. En ese sentido, es importante estar atentos a señales de sumisión de un hermano hacia el otro, y evitar promover o adjudicar roles de autoridad de un hermano sobre otro.

Erik Romero