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La mirada, la atención sostenida, la calma, el disfrutar de la compañía del otro sin interrupciones, son elementos necesarios en la comunicación y cada vez menos frecuentes. En la era de la tecnología es cada vez más difícil desconectarnos de los aparatos y conectarnos a los demás. Nuestros hijos pasan más tiempo al frente de una pantalla que con nosotros; nos quejamos de esto, sin embrago podría ser nuestro espejo. ¿Estamos realmente conectados?

La conexión con un hijo es para siempre, debemos fomentarla, alimentarla y estimularla. Practiquemos escuchar y hablar, comunicarnos, aprender a compartir lo que sentimos y pensamos, lo que nos pasa; para que ellos aprendan a compartir también. Salir al parque, disfrutar de juegos de mesa, sentarnos en el suelo con ellos, hacer una pelea de almohadas. Abrazarlos, besarlos, cantar y bailar. La música y el contacto físico favorecen el apego, divierten y se genera un clima de felicidad. Salir en familia es un momento único que nos conecta con los hijos.

Apaga el televisor, la computadora y aleja el celular. Dile a tu hijo: ¿qué hacemos? Tenemos 30 minutos para hacer lo que quieras y síguele la corriente. Las risas liberan miedos reprimidos y ansiedad, así que asegúrate de jugar, reír, relajarte y déjate llevar por tu hijo. El sentirte niño tú también, te hará muy bien. Crear un espacio de complicidad en donde ellos te digan qué piensan y cómo se sienten. Un tiempo sin criticar, simplemente acepta sus sentimientos y luego puedes conversar a partir de ellos porque lo conocerás mejor. Los hijos que saben que pueden contar con un tiempo especial, diario con sus padres, se sienten seguros porque pueden confiar lo suficiente como para expresar todas sus emociones. La conexión con los hijos debe ser independiente de la edad o las necesidades que tengan, la conexión es algo para toda la vida.

Conectate. Agáchate a su nivel y míralo a los ojos. Ayúdalo a expresarse. Ayúdalo a tomar decisiones: por un momento que sea él quien nos guie, que nos enseñe a jugar, que de las reglas. La conexión, la comunicación plena, la complicidad acompañaran a tu hijo siempre y sentaran las bases para sus relaciones futuras.