La psicología del siglo XX consideraba a la adolescencia como una etapa de crisis, una etapa de tránsito entre la niñez y la adultez, producto de etapas anteriores. Los estudios se basaron en encontrar similitudes en las personas en los cambios individuales y sociales asociados a procesos biológicos y físicos.

La psicología del siglo XXI considera a la adolescencia como un proceso parte del ciclo de vida que se nutre del pasado y puede transformar el futuro, es un proceso de cambios, no es un producto directo de etapas del pasado. La adolescencia empieza cada vez más temprano y termina cada vez más tarde, existe un proceso de cambios físicos que se inician cada vez a más temprana edad pero que no logran una madurez emocional y social sino a edades cada vez más tardías. Algunos investigadores han llegado a afirmar que la adolescencia se adelanta cinco meses cada diez años, es por ello que el adolescente de los años ochenta es totalmente diferente al adolescente de hoy.

En este proceso de cambios físicos y biológicos las hormonas sexuales se activan y determinan los cambios físicos y psicológicos: el cuerpo sufre un crecimiento acelerado, a las mujercitas les crecen las caderas, los pechos y vellos en la pelvis; a los varones les cambia la voz, le crecen los genitales y vellos en el pubis. Hay cambios en la apariencia física pero psicológicamente no han madurado, se alcanza la madurez biológica pero aún no se logra la madurez psicológica y social.

En cuanto a los cambios psicológicos y sociales, los adolescentes experimentan emociones contradictorias, por un lado no han abandonado algunas características de la niñez y por otro empiezan a experimentar sensaciones propias del adulto, lo que le genera muchos conflictos e inseguridades. Se observa búsqueda de identidad, autoconocimiento e independencia, los conflictos con los padres son numerosos, cuestionan las decisiones de los padres y a la sociedad. Se crean amistades sólidas y se inician las relaciones de pareja. Se preocupan mucho por su aspecto físico, tienden a copiar y compararse con modelos ideales de los medios de comunicación, a partir de ello tienen el riesgo de presentar dificultades o desórdenes alimenticios tipo anorexia, bulimia o sobre exigirse en el ejercicio físico para lograr la apariencia física ideal.

Este proceso puede ser feliz o complicado en la medida que el adolescente, sus padres y maestros comprendan que las emociones, aún inmaduras, tienen un rol importante en este ciclo de vida, influyen sobre la salud física, la capacidad para pensar y comprender el mundo que lo rodea. Debemos comprender que el adolescente está dejando atrás las experiencias de los primeros años influida por el hogar y la familia, empieza a afrontar retos más complejos que dependerán de su esfuerzo para superar obstáculos. Existen muchos cambios individuales, cada niño estará en su propia fase de desarrollo con independencia de su edad cronológica.

Por lo tanto, el rol de los padres y los adultos que intervienen en su educación y formación es acompañarlos, mostrarles los diferentes caminos que pueden seguir estimulando la toma de decisiones adecuadas, facilitando poco a poco su independencia sin descuidar el apoyo emocional ofreciendo a los adolescentes la seguridad que necesitan hasta que sean capaces de manejarse solos.

Cecilia Vilela de Calvimontes