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Cuando a los padres se les pregunta sobre qué es lo que quieren para sus hijos, la mayoría responde “que sean felices”. Sin embargo, difícilmente es este un objetivo explícito en el contexto escolar.

Convertir este deseo de los padres en metas claras que equipen a sus hijos para un mundo cambiante, incierto, desconocido, es un reto que afrontamos día a día.

Para Marisa Odría, Directora de Primaria de Casuarinas International College, esto se logra, poniendo al alumno en el corazón del sistema. “Los maestros son los encargados de generar espacios de participación para   favorecer los vínculos positivos entre los alumnos” Además, a través del apoyo de los docentes, desarrollan la autonomía de los escolares, identifican sus fortalezas para que ellos mismos puedan construir el conocimiento. Odría no duda en definir el momento actual de la educación como uno de crisis, así como de oportunidad. Pero también resalta la paradoja de que hoy hay menos espacios de encuentros. “Por eso creemos que el colegio es un espacio para fortalecer la calidad de las relaciones interpersonales y donde los niños, desde pequeños, aprenden a ser optimistas y a  conectarse con lo mejor de las personas”, añade.

¿Se puede ser feliz en el colegio?

A pesar de ser una parte importante en la vida de los alumnos, el colegio puede a veces ser una experiencia estresante y frustrante. Mucho de este problema se debe al enfoque centrado en contenidos, memorístico por excelencia. Hoy es más adecuado centrar la educación en habilidades útiles para la vida diaria como resolución de problemas, toma de decisiones, comparar y contrastar, entre otras. “Un estudiante se siente feliz cuando tiene un ‘yo puedo’ sólido, cuando él tiene autoría sobre el aprendizaje, porque la forma en que aprende atiende a sus necesidades, a su forma de procesar la información”, señala la directora. “En este camino, el alumno aprende que el éxito es producto de su esfuerzo, que el aprendizaje es consecuencia de su pensamiento, y que sus preguntas no solo llevan al aprendizaje, sino que son resultado del mismo”, agrega.

En Casuarinas International tienen como meta central optimizar el aprendizaje de los alumnos para que alcancen el máximo de su potencial. “Esto nos ha llevado a través de los años a incorporar los 4 programas del Bachillerato International y ahora el Thinking Based Learning (TBL: Aprendizaje basado en el pensamiento) que enriquece nuestro currículo”, argumenta la directora. Ésta es una metodología de enseñanza en la que la instrucción en destrezas y habilidades se fusionan con el contenido curricular. “Analizamos el currículo escrito a la luz de las habilidades de pensamiento que puedan impulsarlo. ¿Qué tipo de pensamiento tienen que realizar mis alumnos en este momento? ¿Qué estructuras o estrategias pueden ayudar a dar soporte al pensamiento?”, se pregunta Marisa Odría en un ejercicio hipotético.  Gracias a este enfoque, Casuarinas International College se certificó el pasado junio en uno de los diez colegios del mundo con la denominación de “Thinking Based Learning Schools”.

La educadora añade que suelen comenzar a trabajar esta filosofía con niños desde los tres años, debido a que es una edad crucial para su desarrollo, el cual los equipará con las habilidades para enfrentar el aprendizaje el resto de sus vidas.

Los objetivos de pensamiento son tan importantes como el contenido del curso. Las habilidades se enseñan usando mapas de pensamiento y organizadores gráficos. Así se aseguran que los alumnos son conscientes sobre cuáles son los procesos que deben seguir. Esto beneficia el desarrollo de habilidades intelectuales y el trabajo colaborativo. El resultado son niños que piensan por sí mismos y que son capaces de construir su aprendizaje compartiendo ideas y aprendiendo de las demás.