La empatía es una destreza básica de la comunicación interpersonal, es el rasgo característico de las relaciones interpersonales exitosas.  Permite un entendimiento sólido entre las personas, es fundamental para comprender en profundidad el mensaje del otro, nos permite inferir sus pensamientos y sentimientos, y a su vez genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura.

Es la habilidad para reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás, facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relación entre dos o más personas.  Es  ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando.  Las personas con una mayor capacidad de empatía son capaces de captar una gran cantidad de información sobre la otra persona a partir de su lenguaje verbal y no verbal, sus palabras, el tono de su voz, su postura, su expresión facial, etc. pueden saber lo que está pasando dentro de ellas, lo que están sintiendo y pensando.  Una persona empática debe ser capaz de entender, valorar y respetar los puntos de vista y emociones de los demás, aunque sean diferentes a los suyos.  Por tanto, es una mezcla de compasión y capacidad para ponerse en el lugar del otro.

Requiere también ser consciente de que los demás pueden sentir y pensar de modo similar al nuestro, pero también diferente. Tal vez a uno no le moleste un determinado comentario o broma, pero a otra persona sí puede molestarle. La persona empática es capaz de darse cuenta de que dicho comentario ha molestado aunque ella sienta de otra manera.

Aparentemente, vivimos en una sociedad cada vez menos empática, de ahí es que surgen episodios de violencia a todo nivel, nuestra sociedad es cada vez más violenta.  Según un estudio de la Universidad de Michigan, los niveles de empatía de estudiantes universitarios cayeron un 40% entre el año 2000 y el 2010.   El único modo de hacer que el mundo sea cada vez más empático y no al revés, consiste en que cada persona se esfuerce por ser más empática, prestando más atención a los demás, a sus emociones, a lo que pueden estar sintiendo o pensando, o cómo les afecta lo que otros dicen o hacen.

Aunque todas las personas nacemos con la capacidad para ser empáticos, la empatía es algo que también debe enseñarse.  Las madres, los padres y  cualquier persona que se relacione con los niños pueden ayudarles a desarrollar esa capacidad de empatía o, por el contrario, frustrarla creando niños demasiado centrados en sí mismos.  Los niños que son empáticos no sólo mantienen mejores relaciones con los demás sino que también tienden a rendir mejor en el colegio así como en sus profesiones al llegar a adultos.

¿Qué debemos enseñarles a nuestros niños?

·       Debemos hacer que entiendan que los demás pueden tener pensamientos y emociones diferentes a los suyos, así como reconocer que existen emociones que son comunes a todos, todos podemos sentir felicidad, ira, tristeza, decepción, etc.

·       Deben ser capaces de identificar sus propias emociones y manejarlas sin sentirse superados por ellas.

·       Necesitan aprender a ponerse en el lugar del otro, imaginar lo que sentirían ellos en esa situación y darse cuenta de que la otra persona puede sentir lo mismo.

·       Deben saber cuál es la respuesta más apropiada en una determinada situación para actuar de forma empática.

¿Cómo Hacerlo?

1.   Ser empático con los hijos.

Los hijos observan a los padres para ver cómo reaccionan e imitarán su comportamiento.  Si demuestran al niño o niña que lo entienden, saben reconocer sus necesidades y responden a ellas, muestran interés en él o ella, respetan su personalidad, lo tratan bien y lo valoran, le estarán enseñando también cómo comportarse con los demás.  Los niños que se sienten queridos y valorados tienden a valorar más a los demás. Los niños que se sienten  protegidos, queridos y los que piensan que tienen a alguien que estará siempre ahí cuando lo necesiten, tienden a ser también más empáticos y mantener relaciones más satisfactorias.

2.   Enseñarles que ser amables es importante.

Si sólo enseñan a sus hijos que lo más importante es que sean felices y que consigan lo que quieren, podrían estar enseñándoles a ser egoístas. Aunque ser feliz es importante, también lo es tratar a los demás con amabilidad, ser compasivos y tolerantes. El mejor modo de enseñarles a ser amables es que los padres lo sean  con los demás y con sus propios hijos.

3.   Practicar situaciones de la vida diaria.

Si una niña cuenta a sus padres que un compañero de clase es rechazado por los demás, pueden hablar de ese niño, de cómo se puede estar sintiendo y de cómo debería actuar la niña en esa situación.  Pueden aprovechar diversas situaciones como los problemas entre hermanos o circunstancias escolares,  para hablar con ellos y enseñarles empatía.

4.   Recordarles que la verdadera empatía no se da solo con las personas que les cae bien.

Es más fácil ser empático con personas de su entorno a quienes tienen cariño o que comparten     sus mismas circunstancias.  La verdadera empatía es universal e implica también a personas muy diferentes a uno, de distintas clases sociales, razas, creencias, etc.   Es necesario hablar con sus hijos sobre los sentimientos de estas otras personas. Por ejemplo, al ver a un mendigo en la calle, pueden preguntarle a su hijo qué cree que lo ha llevado a esa situación, qué puede estar sintiendo y pensando, que cree que desearía, etc.

5.   Ayuden a sus hijos a reconocer, entender y manejar sus propias emociones.

Hablen con ellos sobre lo que sienten, animándoles a reconocer y describir sus emociones y expresarlas de un modo adecuado. Por ejemplo, si el niño(a) entra a casa corriendo y se encierra en su habitación dando un portazo, pueden animarle a que exprese con palabras lo que ha pasado y lo que está sintiendo, así como a relajarse y buscar soluciones. Si un niño se ve demasiado abrumado por sus propias emociones, no tendrá energía suficiente para ser empático o para preocuparse por lo que sienten los demás.

Cecilia V. de Calvimontes