¿Alguna vez  se ha sentido molesto o frustrado con respecto a sus hijos? ¿Ha perdido la paciencia? ¿No sabe cómo actuar? ¿Alguna vez  se ha sentido juzgado?

Todos en algún momento nos hemos sentido poco eficaces al momento de criar. Entendamos la crianza como un constante en donde no tenemos la certeza de estar haciéndolo totalmente bien.  Criar en estos tiempos es difícil, se ha convertido en un arte. Debemos aceptar el reto y  reconocer que la crianza  es un proceso, en donde es muy importante saber en qué etapa de desarrollo se encuentran nuestros hijos, cuáles son sus necesidades  y qué herramientas necesito como padre para cada  momento. Lo que sirve para ahora no necesariamente servirá para después,  debemos apoyarnos en el sentido común,  la comunicación con nuestros hijos y  entre ambos padres.

Si yo  entiendo a mi hijo y confío en que logrará aprender y superar esta etapa, los retos de la vida diaria los enfrentaré con mayor paciencia. Muchos hemos escuchado que no debemos ponerles límites a los niños,  porque bloquearemos su creatividad y libertad de pensamiento. Los límites, las reglas y rutinas son fundamentales para la  formación de seres humanos felices y socialmente hábiles. Cuando los niños son pequeños no han desarrollado por completo la corteza prefrontal del cerebro, es decir la capacidad para evaluar racionalmente,  por lo que debe tener al lado a un adulto regulador que le enseñe a desenvolverse y explique lo que se espera de él. Entonces consideremos la disciplina como una educación de las emociones, una forma de enseñarles a los niños a manejarse. No hay que confundir disciplina con castigo, grito o severidad.  Uno puede ser firme y amable a la vez. Cuando nos ponemos en el lugar de nuestros hijos, es más fácil reconocer una intención positiva en su comportamiento y  poder ayudarlos. Debemos conectarnos antes de corregir, poder evaluar la situación y entonces actuar.

Decidir, acordar y ser consecuente

Pensemos en una familia en donde los hijos no saben qué se espera de ellos, un hogar sin reglas, sin acuerdos: un día está permitido saltar en los muebles y al siguiente día no; dependiendo de la paciencia del momento, nuestra capacidad para tolerar o si el niño está al cuidado de mamá o papá. Nuestro hijo no entendería cómo comportarse.  Cuando los niños saben las reglas o los acuerdos es más sencillo auto controlarse, seguir las indicaciones y hacer lo que esperamos de él.

El sentimiento de culpa, contar con poco tiempo y el delegar son las causas más comunes por las cuáles los padres no asumen el liderazgo en sus hogares, no ponen límites o lo hacen de manera autoritaria.

Firmeza y amabilidad van de la mano. No una  actitud dominante ni  una actitud sumisa. Busquemos  tener una autoridad flexible y firme a la vez en dónde el respeto sea la base de la relación y los acuerdos la ruta a seguir.

Para terminar considero importante hacer una reflexión:

“Los niños nunca han sido buenos para escuchar a sus padres, pero nunca fallan en imitarlos” (James Baldwin). Recordemos que nuestros hijos  ven como  nos comunicamos con otros, la forma en que nos tratamos y tratamos a los demás. Nuestros hábitos al momento de comer, vestirnos, movernos, momentos de ocio y diversión. El ejemplo sigue siendo la mejor manera de enseñar. Por lo tanto, seamos las personas que queremos que nuestros hijos sean.

La familia debe ser nuestro principal proyecto. Todo ser humano necesita de una familia que lo ayude a conocerse, a sentirse amado y pertenecer;  si la familia no lo logra, es probable que busque otros modelos a seguir. Debemos pasar tiempo en familia, contar historias, comer juntos, salir al parque. La televisión y la tecnología no deben ser los únicos pasatiempos de nuestros hijos, tenemos poco tiempo para acompañarlos. Conectémonos  con ellos, tengamos  acuerdos en la familia y seamos constantes.

Kathia Quiroz Camere