Compartir:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Te educo porque me gusta educar y me gusta querer. Y sobre todo porque me gusta quererte. Y educándote aprendo a quererte y queriéndote te educo mejor. No te educo para que cumplas mis sueños, sino para ayudarte a caminar hacia los tuyos. No te educo para que seas como yo quiero, sino para que seas quien tú eres. Me conformo siendo luz para tu luz, una mano tendida que resguarda el paso, una jardinera que inspira primaveras. Te educo porque creo en ti y creo en mí. Y creo todavía más en el nosotros que me gustaría tejer. Un nosotros que dibuje sonrisas y seque lágrimas, que ponga corazón a los silencios y a las palabras, que sea cobijo en la tormenta y caricia para el alma.

No te educo para que tu gran afán sea ganarte el pan, sino que sea encontrar regusto a miel. No te educo para que la recompensa más preciada sea encontrar un buen trabajo, sino encontrar un buen sentido. No te educo para que poseas, te educo para que saborees. No es mi propósito que te mueva una meta externa. Tu vida será más bonita si te mueve un fuego interno.

No te educo para que busques lo que brilla por fuera, sino lo que te haga brillar por dentro. Lo que más deseo no es que destaques, sino que cuando te mire a los ojos resplandezcas. No te educo para retenerte siempre cerca de mí, lo hago para poder acompañarte cerca de ti. No querría que volar lejos te de miedo, estoy aquí para desplegarte las alas. Y para que aprendas a escoger bien y escojas el bien. Lo que te haga bien y lo que te ayude a hacerlo. Porque si hace bien y ayuda a hacerlo, seguro que es bueno.

Te educo para celebrarte. Para celebrar la vida y para enseñarte a celebrarla. Para que ames cada instante, cada atardecer, cada día, cada árbol, cada flor y cada vida. Para que nunca puedas decirme: “Yo no te pedí que vinieras”. Para que te enamores de lo que miran tus ojos, abraces lo que alcancen tus brazos y mimes lo que digan tus palabras.

No te educo porque mi misión sea educarte, ni te cuido porque me corresponda cuidarte. No hago de madre por obligación, lo hago por pura devoción. No tengo el deber, sino el gozo y la alegría de educarte, de crecer ayudándote a crecer y de aprender a querer queriéndote. Te educo porque amo la vida y para enseñarte a amarla. Te educo por la alegría de educarte. Te quiero por la alegría de quererte.

Este artículo es una traducción del texto de Eva Bach http://evabach.cat/es/, maestra, pedagoga, formadora de formadores y especialista en educación emocional, publicado en su columna del suplemento “Criatures”, en el diario Ara. Texto original en:http://criatures.ara.cat/opinio/Teduco-lalegria-deducar-te_0_1769823012.ht