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El sueño es un proceso cíclico que se repite en periodos de 24 horas y las repercusiones del mal dormir se aprecian durante el día. Los problemas relacionados con el sueño tienen una alta prevalencia entre los niños y adolescentes en todo el mundo. Condicionan secuelas que pueden llegar a interferir en su desarrollo. Muchos problemas conductuales, emocionales, sociales, de aprendizaje y cognitivos pueden tener su origen en un mal dormir.

La importancia del sueño en la infancia se incrementa por tres razones:

  1. El sueño es para el niño la actividad en la que más horas invierte.
  2. Hay una estrecha relación entre los problemas nocturnos y las alteraciones diurnas del comportamiento.
  3. Las alteraciones de los patrones del sueño del niño producen estrés familiar y disfunciones escolares.

El problema más relevante en relación con el sueño en las épocas de lactante y preescolar son los trastornos del sueño por hábitos incorrectos. Se define por la dificultad que tiene el niño para iniciar el sueño sin la presencia de sus padres y los frecuentes despertares nocturnos. El niño rechaza ir a dormir y necesita estimulación, objetos o un cierto entorno para iniciar o volver al sueño. La situación se complica por las demandas crecientes del niño, que no sirven para mejorar su calidad de sueño ni la de su familia. Además, durante el día se produce irritabilidad y gran dependencia de sus cuidadores.

La causa de este trastorno es la adquisición deficiente del hábito de sueño, que puede establecerse a partir de los 5-6 meses. Este problema se puede prevenir si los padres dan a los lactantes unos horarios regulares para dormir, rutinas de sueño y poner al niño despierto en su cuna para que se duerma solo.

La evolución del trastorno por hábitos incorrectos es hacia la persistencia en el deterioro del sueño que, junto con la dificultad para dormir solo y los despertares, a partir de los 5-6 años se manifestará también con síntomas durante el día, como somnolencia, fatiga, dificultades para la concentración y alteraciones del humor. El tratamiento consiste en insistir en las rutinas y los buenos hábitos de sueño.

A continuación, aspectos importantes a tomar en cuenta para mejorar los hábitos de sueño en los niños:

  • Temperatura, luz y nivel de ruido de la habitación (debería ser templada, oscura y tranquila)
  • Habitación destinada a dormir (¿Comparte el niño la habitación o la cama?, ¿Hay alguien más en la habitación que despierte al niño?)
  • Evitar cafeína a últimas horas de la tarde (por ejemplo en las gaseosas y otros dulces)
  • Ejercicio físico (bueno durante el día, pero hay que evitarlo a últimas horas de la tarde, antes de ir a la cama)
  • Horarios académicos, sociales o de ocio (minimizar interferencias con el horario de sueño)
  • Restringir los aparatos electrónicos de la habitación a la hora de ir a dormir (TV, computadora, tablet, celular)
  • Miedos específicos que pudieran tener los niños
  • Instaurar una rutina constante a la hora de ir a la cama
  • Colocar a los niños en su cuna o cama adormilados pero no dormidos, así pueden aprender a dormirse solos.

Finalmente, hay datos que indican que el 60% de personas entre 13 y 18 años de edad duermen menos de lo que les correspondería. Además, el consumo de estimulantes es alto. La presencia excesiva de café y bebidas con cola es común en sus dietas y contribuyen a retrasar la hora de dormirse.

Es un hecho que el ritmo de vida actual hace que muchos padres lleguen tarde a sus casas y quieran ver a sus hijos y compartir con ellos. Sin embargo, hay que tener en cuenta lo antes expuesto y evitar alargar sus horas de vigilia, ya que sin darnos cuenta, podemos estar generando trastornos de sueño en nuestros hijos, con las consecuencias que esto acarrea para su óptimo desarrollo.

Natalie González Hernández

PYP Psychologist